jueves, 30 de noviembre de 2006

Duermevela


1992 sería cuando por primera y última vez los Ciento Volando participamos en un concurso de maquetas. Lo organizaba la revista Rock de Luxe (o Rock Especial, o Espezial, o algo así) y lo ganó (no lo sé, pero lo sé) algún grupo guitarrero y violento, seguramente anglófono. No sé qué perfidia nos hizo elegir de la decena de temas que tendríamos grabados por entonces, alguno bastante pop, esta rareza melódica de cuatro minutos largos, para teclado (de curioso registro), efectos de sonido, guitarra acústica y voz juvenil, pero aun así reprensible. Obviamente, por mucho que hablaran en las bases de originalidad, ni entonces ni nunca iba a ser esto lo que los rockistas buscaban —pero algún rato divertido sí pasé imaginando su repelús (de luxe) al dejar correr el primer minuto impopular de este Nada. Las culpas (composición, voz y solo irrestricto) me tocan casi todas. Sigo sin saber qué tipo de música es ésta, de modo medieval y extrañas modulaciones—pero su ronroneo me sigue arrastrando.


NADA

Nada
queda en pie,
ya nada,
casi apenas
nada más.

Nada
de lo que yo
amaba
queda en pie, ya
nada más.

Todo aquello
que yo quise
va tomando
tonos grises.

Sales del mar muerto
con guirnaldas de color,
flota en derredor
de tus ojos
como pozos
de tiniebla
y poco a poco ya,
ya no me queda nada,
la espuma de mi almohada
y una mañana más.






(Nada por aquí, nada por allá).


miércoles, 29 de noviembre de 2006

Desde las hojas de cinco puntas



Hoy me siento italiano y musical
se hicieron famosos (efímeramente) en la época de la primera guerra del Golfo por coger los bártulos y marcharse a rockanrolear a Bagdad. Si no italiano, musical sí que me siento estos días, así que sigo sacando liebres de la chistera cientovolandera. Esta es otra canción de Daniel, compuesta en tiempos de Caifás, pero grabada hace poco. Se admiten tisanas, miel, pasta, etc.

Desde las hojas de cinco puntas
todo se ve como muy lejano;
deja las curvas de tu cintura,
date permiso y vuelve a mi lado.
Bésame duro, que están cayendo
copos helados de aburrimiento;
si te marchitas, que sea siquiera
después que vuelva la primavera hasta mí.

Pronto estaremos todos dormidos
en las almohadas de musgo negro
y con mis sueños tú harás vestidos
que luciremos en el infierno.
Corre a mi lado y duerme conmigo
mientras el viento llora en la loma;
cuando despierte, te habrás perdido
entre las nubes, vieja paloma.

El abismo más feroz
lo llevo dentro del pecho
y se hunde profundo en tu vientre
hasta hacerse una mancha invisible.
Todo mi cuerpo se cubre de hojas
que hablan de sitios imposibles.

A ver si aciertas los pensamientos
que me llevaron hasta tu puerta;
sólo quedaban breves momentos
y los perdí en una tierra muerta.
Que las esperas ya han concluido
porque los besos se equivocaron;
ahora camino como perdido,
tu voz lo hace a mi lado.

Las sonrisas de cartón
empapadas porque cuando nacieron
llovía con fuerza infinita sobre la ciudad.
No olvidaré fácilmente ese día
que alguna canción guarda ya.

Desde la danza de las espadas
va conquistándonos el olvido
y los caminos que antaño abrimos
van absorbiendo nuestras pisadas.
¿No te recuerda eso que estuvimos
lejos de la hoja de cinco puntas?
Yo me despierto, tú ya te has ido.
No se admiten preguntas.

(mp3: aquí)





martes, 28 de noviembre de 2006

Palmira

Ciento Volando circa 1990.
De izquierda a derecha: Daniel, Caifás, Rafa y el que suscribe. Gracias a Antonio por rescatarla.


Menos es más, repite a menudo Alan W. Pollack en su serie memorable sobre las canciones de los Beatles. Esta vez le hicimos caso. La canción, quintaesencialmente danielera, es de antes de la foto (que ya es decir), pero la grabación es reciente. Tuvo un arreglo bastante barroco, pero probablemente suena mejor así: dos guitarras y fuera.

Palmira

Vuelvo buscando
la esencia pasada,
tu esencia de sal perdida
junto al agua.
He descubierto
junto a los pasillos
que el tiempo de esperar ya
se ha cumplido.
Nunca alcancé a imaginar
que te encontraras tan lejos
de mí.

Vuelvo buscando
las cosas que faltan,
las penas que no se olvidan
cuando cantas.
Mares de tiempo
separan los hilos
que no se rompen
y siguen unidos.
Nunca alcancé a imaginar
que te encontraras tan lejos
de mí.

Noches perdidas sin tiempo
y yo
busco a Palmira,
porque aunque pasan los años
aún no
cierra la herida.





lunes, 27 de noviembre de 2006

Sefardí



...me pareció mejor título que «vagamente oriental». Guitarra y teclado del que suscribe, flautas en canon de Daniel.

(Razón: aquí).





domingo, 26 de noviembre de 2006

Conjuro (Agustín García Calvo)


Hay amores correspondidos. El de García Calvo por el ritmo le ha llevado a ser el poeta español vivo más (¡y mejor!) musicado. Amancio Prada y Chicho Sánchez Ferlosio son responsables de las versiones más conocidas, pero las inéditas y desconocidas son toda una Atlántida. Confieso, como guitarrista de Ciento Volando, haber tenido algo que ver con las tres que más me gustan: Mi amiga, musicada por Nuria; Tú, cuya mano me ha bañado, de Rafael Herrera (de la que el propio Agustín señaló que supera la de Chicho) y ésta. Ésta es el número XVI del Libro de Conjuros, musicada por Alfonso García Pecharromán. Suena así:

¿Que por qué tanta agua
he dejado correr,
señora mía,
sin volver a decirte canciones
como antaño solía?

Es que —¿sabes?— la pena,
el miedo, la enfermedad
y la ruina
demasiado de triste y cerrado
en mí mismo me hacían,

y ni el pájaro azul
picoteaba el zurrón
de melodías
ni otro sol levantaba cabeza
de la charca podrida.

«Pero ¿qué?: ¿no eran luto
y tristeza mi faz,
no eran yo misma?»
me dirás «Pues ¿por qué tu tristeza
no cantaba la mía?».

Si eres triste o si no,
ni lo sé ni me importa;
pero mira:
no es el tema —se ve— lo que cuenta,
sino el tono y la rima:

hasta para cantar
al abismo de la
melancolía
hace falta un aliento de gozo,
una sal de alegría.

Pero a tan razonable
alegato «Bobadas»
me replicas:
«Tú canta y no cuentes; tú canta
con mi miedo en las tripas».

«Y si logro cantar,
¿tú me sacas del pozo?,
¿tú me libras?»
te pregunto y respondes: «Yo nunca
hago promesas
ni profecías».



sábado, 25 de noviembre de 2006

La piedra caída del cielo


Se me pasan los cumpleaños. Ayer hizo 63 Robin Williamson, 50% de la Incredible String Band, bardo y narrador durante su extensa carrera en solitario. Williamson es el lado más incredible de la Incredible: aunque él se sitúa, modestamente, en algún lugar entre Jimi Hendrix y Manitas de Plata, su música tiene un qué sé yo ultramundano que podría venir de un pozo lunar o los labios menores de un hada. Una vez separado de Mike Heron, ahondó en su vertiente celta y centró sus esfuerzos como instrumentista en el harpa. Su último disco, The Iron Stone, vuelve sobre la canción homónima, una de las más celebradas de la ISB. Una buena excusa para recordar el original de 1970, con Williamson a la guitarra atlante, Mike Heron al sitar y Licorice y Rose dándole al parche.


Un viento largo, una mente que trama.
Por toda la tierra, crecen flores silvestres
haciéndose eco.
El día que encontré la piedra de hierro,
pesada en mi mano bajo la lluvia inclinada,
los mares no dejaban de correr
volcando mi corazón,
techando sus pizarras grises.
Ese día encontré la piedra de hierro.

Llevé a mi casa la piedra de hierro,
pesada en mi mano la llevé a casa,
negra como los pensamientos del destino.
Un hombre me dijo que cayó de la luna,
voló a través del tiempo
hasta la larga playa donde la encontré.
Los caballos que bailan contaban su historia,
entre las piedras ella me llamó,
mi mano lo supo.

Distinguiendo en las densas tinieblas
bosques y centauros y dioses de la noche.
Nunca ese sol brilló
donde la gran Atlántida alzaba sus costas.
¡Cómo cantaban los dragones del mar!

El amor pinta las cartas con soles por ruedas,
achiperres del bufón, el gorro y las campanas,
el valiente (tal vez) Mostacho,
el caballero Primalforme Magnífico,
el dragón que era yo, con las uñas doradas,
un fuego de oro mi nariz llameante,
los recuerdos, recuerdos...
Mi cueva era brillante, enfurruñadas mis joyas
que como diademas
hacían palidecer a las estrellas,
la plata perdida y el oro enterrado,
¡tal era mi casa en los días de antaño!



viernes, 24 de noviembre de 2006

El retorno de Durutti


The Durutti Column, con una erre y dos tes, toma su nombre de un póster impreso en 1967 por la Internacional Situacionista. Alguien habrá investigando si el error fue involuntario o si se trataba de un guiño a la diferancia derridiana. Algo de eso había (eterno retorno diferenciado de lo idéntico) en el título mismo de su primer disco, The Return of the Durutti Column (1980). (La broma la repetirían hasta el asco nuestros modernos: Grandes éxitos y 30 años de éxitos titularon sus primeros LPs respectivos Alaska y Toreros Muertos).

El líder de esta nueva columna, Vini Reilly, es una suerte de Mike Oldfield post-nuclear, un guitarrista creativo, aunque monócromo. Con los años, se le ha ido poniendo cara de Antonio Vega, demacrada y austera. Su sonido, totalmente ajeno a los clichés del rock y sus fuentes habituales, acaba aburriendo, pero en pequeñas dosis (sobre todo las primeras) tiene el frescor de un caramelo de menta extrema. Antes de disparar contra la caja de ritmos, consideren si un poco de color de época (aunque sea color caspa) no habrá que perdonárselo a cualquiera.


jueves, 23 de noviembre de 2006

Historia de tres amigos


Historia de tres amigos
de la dulce libertad:
si se hicieron anarquistas,
no fue por casualidad.

Buenaventura Durruti,
Ascaso y García Oliver,
llamados Los Solidarios,
que desprecian al Poder.

Buscados y perseguidos
por el campo y la ciudad,
si acabaron en la cárcel,
no fue por casualidad.

Buenaventura Durruti,
Ascaso y García Oliver:
tres hojas de trébol negro
contra el viento del Poder.

Siguiendo con su costumbre
de burlar la autoridad,
si cruzaron la frontera,
no fue por casualidad.

Buenaventura Durruti,
Ascaso y García Oliver:
la negra sombra del pueblo
contra el brillo del Poder.

Después de una temporada,
se volvieron para acá;
si temblaron los burgueses,
no fue por casualidad.

Buenaventura Durruti,
Ascaso y García Oliver:
tres balas negras de plomo
apuntando hacia el Poder.

(Chicho Sánchez Ferlosio)



miércoles, 22 de noviembre de 2006

La entrevista


Durruti entrevisto, visto y no visto, en los primeros días de la guerra.

*

Momentos antes de la salida, Durruti hace unas declaraciones al periodista Von Passen, del Toronto Star.

DURRUTI: El pueblo español quiere la revolución y está en trance de hacerla, a lo cual se oponen los fascistas. Éste es el planteamiento general. En tales condiciones no hay más que dos caminos: la victoria de los trabajadores, es decir, la libertad, o el triunfo de los facciosos, que significa la tiranía. De hecho, los trabajadores estamos dispuestos a acabar con el fascismo de una vez por todas, incluso a pesar del Gobierno republicano.

VON PASSEN: ¿Por qué a pesar del Gobierno republicano? ¿Es que acaso el Gobierno republicano no lucha también contra la rebelión fascista?

DURRUTI: No hay gobierno en el mundo que luche contra el fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos recurre al fascismo para mantener sus privilegios. Es lo que ha ocurrido en España. Si el Gobierno republicano hubiera deseado poner fuera de combate a los fascistas, hace ya tiempo que lo habría podido hacer. En lugar de combatirlos a fondo, no ha hecho más que buscar compromisos y acuerdos...

VON PASSEN: Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente Popular era la de salvar la República y restaurar el orden burgués, y tú me dices que el pueblo quiere llevar la revolución mucho más lejos. ¿Cómo debo interpretar esa contradicción?

DURRUTI: El antagonismo es evidente. Esos señores, como demócratas burgueses que son, no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase obrera, no se engaña. Los trabajadores saben lo que quieren. Nosotros luchamos no por el pueblo, sino con el pueblo; es decir, por la revolución. Somos conscientes de que en esta lucha estamos solos y no podemos contar más que con nosotros mismos...

VON PASSEN: ¿Esperas tú alguna ayuda de Francia o de Inglaterra, una vez se concrete el apoyo de Hitier y Mussolini a vuestros enemigos?

DURRUTI: No hay Gobierno alguno que desee ayudar a una revolución proletaria...

VON PASSEN: ¿Podréis ganar vosotros solos la contienda?... Y en caso de ganarla, ¿sabes ya que vais a heredar montones de ruinas?

DURRUTI: Siempre hemos vivido en la miseria y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos las ciudades... ¿Por qué no vamos a construirlas de nuevo y en mejores condiciones, para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos asustan. Sabemos que ésa es nuestra herencia, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque estamos destinados a heredar la tierra y llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones.... un mundo que está creciendo en este instante.

(en el libro de Rai Ferrer, p. 168)

martes, 21 de noviembre de 2006

Ruinas en flor


Durruti fue hombre de pocas, pero legendarias palabras. El joven Savater glosó con entusiasmo una de sus salidas: el amor a las ruinas. No se trata de la delectación romántica o decadentista en lo marchito, sino del júbilo que provoca ver cómo se tambalean los muros de la cárcel. En un plano más metafísico, García Calvo habla a menudo de las fisuras de la Realidad: la razón desmandada, en sermón o en canto, se vuelve contra su propia obra conformadora y deja adivinar por un instante lo que es previo y exterior al montaje, ese qué sé yo que florece a través de las grietas. Fotos del ángel en vuelo (veladas, por supuesto). Cuando era joven, cacé un vislumbre pasajero / por el rabillo del ojo. / Me di la vuelta a ver, mas era ido. / Ahora no me atrevería a asegurar que fue cierto.

La peripecia del anarquismo histórico tiene hoy hechuras de espejismo: por poco tiempo, pareció viable vivir sin ejército ni dinero, en una comunidad sin otro orden que su desenvolverse espontáneo, su estructura armoniosamente viva. Como dijo Darío del arte, no un conjunto de reglas, sino una armonía de caprichos. Reaccionarios como Borges o Tolkien no han resistido la tentación de murmurar que algún día mereceremos no tener gobierno. Cuando alguien nos cuente cómo nos lo echamos encima tal vez tengamos la historia del verdadero pecado original. Para el joven Savater, la falta que nos hizo súbditos es la delegación: pensar que alguien pueda o deba tomar las decisiones importantes de tu vida, algo tan absurdo como creer que pueda beber o fornicar por ti. El Poder reposa en la impotencia de aquellos contra los que se ejerce, y pierde por ello el derecho a ser considerado él mismo potencia, capacidad, virtud. Su logro es negativo: el Poder es que nadie pueda (pensar por sí mismo, decidir sobre su vida). Elimina el valor moral de las acciones, al reducirlas a acatamiento o desafío de una orden o prohibición externas. Si condesciende a mostrarse útil en algo, es sólo para realimentarse, legitimarse. Jamás se planteará en serio disolverse, devolver el pájaro al aire. De ahí la importancia de las grietas por las que, a pesar de todo, algo entra o se escapa. Respiramos por la herida.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Por allí viene Durruti


El 20 de noviembre de 1936 muere en Madrid, en circunstancias oscuras, Buenaventura Durruti, el héroe más destacado de la causa anarquista. De los homenajes que desde entonces ha recibido, el más emotivo es el documental Vidas y muertes de Buenaventura Durruti, anarquista, dirigido por Albert Boadella y Jean Louis Comolli en 1999 y estrenado en la 2. Para la ocasión, Chicho Sánchez Ferlosio compuso (no tengo muy claro si sobre algunos textos previos) un memorable romancero de Durruti. Ésta es la pieza que abre la serie.

Por allí viene Durruti

con una carta en la mano,
donde pone la miseria
de este pueblo soberano.

Por allí viene Durruti
con un libro en el morral,
donde apunta los millones
que ha robado el capital.

Por allí viene Durruti
con catorce compañeros
y le dice a los patronos
lo que quieren los obreros.

Por allí viene Durruti
con un pliego de papel,
a decirle a los soldados
que se salgan del cuartel.

Por allí viene Durruti
sin carroza y sin dinero,
saludando a todo el mundo,
campesino y jornalero.

Por allí viene Durruti
con las tablas de la ley
pa que sepan los obreros
que no hay patria, Dios ni rey.


domingo, 19 de noviembre de 2006

Danza del norte


Otro tema volandero de sabor medieval. La melodía de éste es obra de Alfonso, con una segunda voz de Daniel. La grabación es de hace poco: Daniel a las dos flautas y yo mesmo al piano.




sábado, 18 de noviembre de 2006

Danza medieval


...cientovolandera, para órgano y dos flautas, con cadencia mixolidia y alguna que otra séptima mayor sans merci.

viernes, 17 de noviembre de 2006

For Absent Friends



Para Alfonso, in memoriam.

I

Escucha: ya no sale
la luz a borbotones de tu herida.
Esto de seguir muerto, ¿de qué vale?
Muy pronto hará dos años de tu huida

y aquí nos tienes, dados a la vida,
hechos a que de vez en cuando cale
la ropa de diario una subida
de acíbar residual. Nada equivale

mejor a la traición que el espejismo
de haber dejado lejos el abismo
aquel en que te vimos hacer pie.

Después de descartar nuestros despojos,
¿qué perspectiva queda? ¿Qué se ve
cuando la llave quiebra los cerrojos?

II

Borrado, has convertido en palimpsesto
la vida que sin ti prosigue viaje:
deshabitado y límpido, tu traje
se arruga como sierpe en este cesto

repleto de cenizas. Es incesto
nombrar al que ya apenas es lenguaje,
verter estas mentiras que te traje
como violetas últimas. Tu puesto,

esa vacante de sudor oscuro,
es el primer desconche en este muro
que nos separa en vano del olvido.

En tierra, la memoria sueña flores
que no verá brotar: el abolido
dolor que ha perdonado a sus doctores.

(Devocionario pop)

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Lo que falta



No quiero ya saber lo que me aqueja;
a ti te quiero, amor que no se sabe,
sin paradero y sin sentencia grave
por si labios en flor, cara sin reja.

Si el agravio mayor que no me deja
sentir tu mano sabia es esta nave,
húndase en el recuerdo de una suave
playa donde tu boca se refleja.

No puedo ser un nombre que te sueña:
a ti no se te entierra en una nube
de oro, nunca libre, por más alta,

de todo el mal que contra ti se empeña
en mentirme con nombres que te tuve.
Y no: pero aquí tiembla lo que falta.

(Ana Leal)

martes, 14 de noviembre de 2006

El esposo más fiel


Le tengo devoción a este breviario, Jardines de bolsillo, con el que mis muchachos de Literatura Universal de este año van madrugando en materia poética. Leerlo minuciosamente, unos pocos poemas cada día, depara placeres y sorpresas —y adiestra en una peculiar poética, culto a la sutileza y la emoción que trasciende corrientes y épocas. Por decirlo todo, también cabe algún sinsabor, debido a las erratas de bulto (Endiku por Enkidu, nada más empezar: asombra que un libro de esta calidad no haya tenido un corrector de pruebas despierto). El antólogo, García Martín, se luce especialmente con los poemas procedentes de mundos lejanos, que resuelve en verso infiel y elegante. De la línea oriental, mi favorito es éste del hindú Amaru, un autor de cronología y moral dudosas.


Sentadas una al lado de la otra
encuentro a mi esposa y a mi amor secreto.
Cautamente me acerco por detrás
y, como en un juego, a mi mujer
le tapo los ojos con las manos, y luego,
volviendo levemente la cabeza,
con pasión beso a mi querida,
cuyos vellos se erizan de placer.
«¿Quién soy?», digo, y mi mujer:
«El esposo más fiel». Y entonces
la beso a ella con igual pasión.


lunes, 13 de noviembre de 2006

Sermón de ser y no ser


Hay algo de fango sumerio, de letanía ancestral, en las canciones y poemas que, arteramente, utilizan el verbo ser para declinar la imposible definición de un qué sé yo. Creo que en nuestros días el ejemplo definitivo es Aguas de março, del maestro Jobim (y la adorable Elis); pero, en un registro quedón, el truco de Astrud (Hay un hombre en España que lo hace todo…) tampoco tiene precio.

Ser mil cosas distintas es no quedar atrapado en ninguna de ellas. Heráclito, precursor, lo dejó dicho del Pensamiento (noûs) en eficaz lenguaje binario: El dios, día /noche, invierno / verano, guerra / paz, hartura / hambre: todos los contrarios juntos, ése es el pensamiento (fr. 46 GC = 67 D-K). En Juan de la Cruz, es visión deslumbrante del Dios cristiano (mi amado las montañas, / los valles solitarios nemorosos, / las ínsulas extrañas, / los ríos sonorosos, / el silvo de los ayres amorosos, / la noche sosegada / en par de los levantes del aurora, la música callada, la soledad sonora, / la cena que recrea y enamora); en Aleixandre, surrealista enumeración caótica (Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios, / ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas, / mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal, / metal, música, labio, silencio, vegetal, / mundo, quietud, su forma. Se querían. Sabedlo). En Dylan o Sabina la teofanía se degrada en lista de la compra. En los sermones de García Calvo es la verdad que nadie sabe, previa a lo real e incompatible con sus costuras. Dudo que nadie se haya librado de personificarla y darle culto. Yo, desde luego, me confieso devoto:

Ella es esa que no es
lo que fue, pero parece
que cuando la niegas, crece
y no está cuando la ves.
Es el haz y es el envés,
contenido y continente,
espejismos en la frente,
pasos en el corazón.
Argumenta sin razón
—y es veraz cuando nos miente.



viernes, 10 de noviembre de 2006

Pensamiento mágico


Nunca se acaba de romper el hechizo. Uno da por hecho, por ejemplo, que hay que apagar el ordenador cuando te vas a dormir, para que no gaste corriente (racionalización) —en realidad, piensas que, como todo hijo de vecino, tiene derecho a descansar y dormir (quizá, soñar). Te dicen que los aparatos se desgastan y rompen en gran medida por el proceso (traumático) de apagado y encendido, pero uno sigue encontrando peor la vigilia perpetua a lo Sauron o Funes. Por otra parte, lo de reboot and repent (order shall return) cumple perfectamente (trampa incluida) la fantasía humana de la absolución: empezar de nuevo, de cero, regenerando energías y parámetros. Mircea Eliade sudó tinta para explicarnos el funcionamiento del mito, su escenificación ritual para regenerar cíclicamente el universo. Estaría bien que su tipología incluyera el inicio a prueba de fallos.


jueves, 9 de noviembre de 2006

Raga-rock: Beck


Si la serie admite un cierre, una jarcha, bien podría ser ésta. El planteamiento ya estaba en los padres fundadores, pero Beck y su compadre Stephenson le dan otro aire: sitar, blues del Delta, slide guitar, folk, hip-hop, todo suena aquí en beligerante estado de gracia, tergiversado y trascendido en la mezcla. Hay cosas evidentes que no se habían dicho nunca. Ésta es una: soy un perdedor, ¿por qué no me matas?


miércoles, 8 de noviembre de 2006

martes, 7 de noviembre de 2006

Cuando fuimos los mejores


Ya lo he confesado alguna vez: Lennon tenía más talento, pero Harrison es mi Beatle favorito, incluso como letrista: Si no sabes dónde vas, / cualquier camino puede llevarte. Si hablamos de vídeos, éste de 1988 es una delicia beatlemaníaca de primer orden: una vuelta a las esencias psicodélicas con humor, sitar y desdoblamiento múltiple incluidos.



lunes, 6 de noviembre de 2006

Más allá del espejo


Como otras modas, el raga-rock entra en la danza de los no-muertos a finales de los sesenta. Digamos que el sitar, la tabla y demás indierías siguen en el menú pop, pero sólo en la versión extendida. Ni los guitarreros ni los adictos al sintetizador las echan de menos, lo que no impide que hasta Metallica o Green Day puedan de vez en cuando sacarlas del arcón sin especial discernimiento, como cortinilla o efecto especial. Con más conocimiento de causa, los sesentoides Oasis o Kula Shaker cumplen con su karma en pastiches bastante cool. En realidad, las canciones memorables con sitar se vuelven más y más raras. No sé si ésta (de un dylanista que, salvo aquí, me parece soporífero) es una de ellas —el vídeo, en todo caso, no tiene desperdicio.



domingo, 5 de noviembre de 2006

Raga-Rock VI: los hombres de Harrison


Si no se echaran tanto de menos las voces de John y Paul, no tendría nada de raro que esta versión de The Inner Light, con la sombra de George Harrison presidiendo el evento, Jeff Lynne a la voz y la hermosa Anoushka Shankar al sitar, superara el original, editado por los Beatles en 1968 como cara B de Lady Madonna. Orientalismo de postal, esquemático y simple —pero capaz de convocar a los orientales de verdad para que lo trasmuten en licor de oboe.


sábado, 4 de noviembre de 2006

Raga-folk II: Pentangle


En el mundo del folk-rock, el arreglo subvierte el texto. Se percibe de forma inmediata, pero cuesta lo suyo explicarlo. Esta historia, por ejemplo, habla de una dama caprichosa que pudo casarse con el tercer hijo del rey, pero eligió hacerlo con un pobre carpintero. Aunque este buen mozo le da dos hijos, un día aparece, tentador, un tercero en discordia que promete llevarla allí donde la yerba crece verde, a la vera del Dee. Sin pensarlo dos veces, como antaño Helena de Esparta, la dama abandona a sus hijos (cuidad bien de papá) y se hace a la mar con su nuevo amor. Una vez más, pasa el tiempo y la mujer se sorprende llorando: oro, plata, todo lo daría por ver de nuevo a sus niños. Ya es tarde. Se ha abierto una vía en el barco y no hay otra costa cercana que las brillantes colinas del Infierno. ¡Quién pillara al carpintero!, piensa Helena —y las últimas olas de la canción arrastran su ropa blanca como pálido don de la espuma.

Con el tercer hijo del rey
pude una vez casarme,
y ¡vaya si era un joven pinturero!
Pero ahora estoy casada
con un hombre de ley,
un joven y modesto carpintero.
—Olvida al carpintero
y ven conmigo a ver
la yerba siempre verde
junto a las aguas mil.
—¿Con qué me mantendrás
lejos de la pobreza?
—Mis siete naves vienen
cruzando el ancho mar,
bien pronto atracarán
y de los siete mares te harán reina.
Tomó a sus dos pequeños de la mano
y tres besos les dio:
—Sentaos junto al fuego del hogar
y haced a vuestro padre compañía.
Con sus mejores galas se vistió,
como a su noble casta le cumplía,
temblaba su orgulloso corazón
cuando su blanco pie tocó la arena.
Apenas se adentraba por el mar
y ya iba carcomiéndola la pena:
—Daría todo el oro de este mundo
por ver mis dos tesoros cómo quedan.
—El oro que tuvieras y la plata
bien poco entre las olas te sirvieran:
no has de tocar la tierra nunca más,
tus niños nunca volverás a verlos.
Llevaban poco tiempo navegando
tal vez una semana, dos o tres,
y el barco malherido por el mar
se hundía a muchos días de la costa.
—Las cimas relucientes ya del Reino
diviso, dulce amor, donde los ángeles
se acercan y se alejan.
Las cimas relucientes ya las veo,
donde debemos ir juntos los dos,
las cimas relucientes del Infierno.
—Ah, si pudiera estar de vuelta a casa
en brazos de mi amado carpintero.
Pero en el mar furioso me hundiré:
mi corazón es pasto del Infierno.

Esto viene a decir el texto, scarelore para muchachas casquivanas, graciosamente compuesto pero poco más (en tanto no se abra la caja de los ecos). Sin embargo, cuando el inusitado arsenal de los Pentangle se pone en marcha (Bert Jansch al banjo y la voz rasposa, John Renbourn al sitar, Danny Thompson al contrabajo, Terry Cox a la batería —y la voz bruñida de Jacqui McShee), la moralina se transforma en caramelo lisérgico. El cantar da la razón al carpintero, pero su corazón está con la dama caprichosa, y aun con el seductor diabólico: el arreglo está diciendo sí a la aventura, el exotismo, el peligro. Como advirtiera Keats, El placer nunca está en casa —aunque la echa de menos y la lleva consigo (como Pentangle sus múltiples raíces: folkies, bluseras y jazzísticas), tal retrato colgado al cuello o luz élfica en el antro de Ella Laraña. Todo en ti fue naufragio. Escuchando a McShee, somos por unos minutos ese placer soliviantado y errante.


viernes, 3 de noviembre de 2006

Raga-rock V: The Rolling Stones


Fueron tiempos de mucho ácido. Va con sitar. Como quien dice, es el comienzo de la psicodelia depresiva. Eso es lo que los Rolling Stones empezamos —estaría bien que hubiera un revival de eso.

Particularmente, creo que A faded picture, de los Seeds, es la psicodelia triste por antonomasia (aunque Dazed and confused tampoco es moco de pavo). Paint it black es un funeral bastante alegre, con sus coches oscuros y sus lindas plañideras estivales. El sitar se quedó sin cuerdas, pero Brian Jones lo menea con gracioso descaro.



jueves, 2 de noviembre de 2006

Raga-folk I: Davy Graham


Los folkies viajan mucho más rápido (y se quedan más tiempo). Dos años antes de los Kinks y compañía, en 1963, el guitarrista Davy Graham ya había grabado una canción tradicional inglesa, She Moved Through the Fair, en tiempo y forma de raga. La Incredible String Band llegó después, pero su Nightfall (1968) es el non plus ultra del sitar en contexto sesentero (tendrían que pasar once años para que Camarón y Gualberto dieran, en su Nana del caballo grande, un paso más hacia el abismo).

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Raga-rock IV: The Byrds


La frontera entre la genialidad y la migraña es a veces porosa. Confieso que no sé si Eight Miles High, jaleada como cumbre del raga-rock, se encuentra o no a gusto en el género (parece que debe lo suyo a un tema instrumental de John Coltrane llamado precisamente India; pero de la otra India, la del mono Hanuman y Sánchez Dragó, no le veo yo muchas trazas). La canción en sí es quedona y estratosférica, desde luego, pero el solo de guitarra en que reside su genialidad roza, de puro disconforme, lo molesto. Estética cubista para cabezas ácidas.