miércoles, 21 de junio de 2006

Prosa diabólica


Alpinista y cartógrafo del Inframundo, pagano sincero, nuestro hombre adoptó ante los medios la máscara peluda del Anticristo. En muchos sentidos, prefigura a Timoteo Leary: como le pasa a éste, debajo del brujo, del trickster, sobresale siempre el educado universitario. Predicó la lucidez eroto-comatosa y la ingesta del propio semen (upps), pero siempre dentro de unos parámetros de lo más oxoniense e ilustrado. Enemigo del oscurantismo, predicó el iluminismo científico: el método de la Ciencia, el objetivo de la Religión. Gnosis, en definitiva, al gusto de los mallarmeanos: no me cuentes lo que sientes, házmelo probar.

Escribía bien, o a mí me lo parece. Tras la brillantez de los eslogans (Cada hombre y cada mujer es una estrella. Hacer tu voluntad será la única ley) aguarda el laberinto de su peculiar escritura automática: libros dictados por algún demon tardoegipcio, más devoto de Athanius Kircher que de Champollion. Como prosista consciente es autor de títulos únicos: Mortadello (sic) o el Ángel de Venecia, obra cómica (claro), Moonchild (¡ajá!) y una prometedora "auto-hagiografía" (que, así dicho, nos remite a aquel Nietszche de Ecce Homo: por qué soy tan brujo y titulo tan bien mis libros).

Prefigurando la soltura de Breton a la hora de asignarse precursores, en el manifiesto de la orden que fundó, la O.T.O. (Orden del Templo Oriental), incluye como socios arcaicos a Orfeo, Apolonio de Tiana, Catulo, Merlín, Paracelso y Osiris. Con carné más reciente desfilan el mentado Nietzsche, Wagner, Ricardo Francis Burton, Goethe y Eliphas Lévi. La lista nos aclara su progenie romántica: todo gran poeta fue un iluminado, todo explorador sincero acaba arrivando al misterio. La carta a su hijo (777, como buen sucesor del 666) es un documento especialmente emotivo: Aprende de mí, le dice, el testimonio de la Historia y la literatura: un gran Manuscrito de Sabiduría que tiene por papel la piel del Hombre y por tinta la sangre de su corazón.

Donde esperaríamos citas del Libro de Dzyan o los Manuscritos Pnakóticos, nos remite a Shakespeare, Abelardo y Eloísa, Dante y Apuleyo. ¡Y al Evangelio! Entiende, hijo mío, en tu juventud estas palabras que algún sabio, anónimo ahora, dijo antaño: si no os volvéis como niños pequeños, jamás podréis entrar en el Reino de los Cielos.

Corruptor de jóvenes (¡como Sócrates!), retimbrador de adultos, se creyó el heraldo de un nuevo eón, y desde luego lo fue, mucho más dignamente que la barullera Blavatsky o el estreñido, aunque brillante, Guénon. Habrá quien diga que lo suyo, al fin y al cabo, no es más que sexo con glamour, un tipo peculiar de fetichismo —como si eso fuera poco. Ojeando sus papeles secretos (que hoy Internet airea) uno siente que también las sectas, con el progreso, han ido a peor. Cuando surja otra tan desesperadamente literaria como la suya, lectora de Shakespeare y Nietzsche, avísenme sin tardanza.

(Sus cuentos, por cierto, están publicados en Siruela:
El testamento de Magdalen Blair
.)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Alejandro. Con tu permiso, guardo el texto en mi carpeta de lecturas. Eres un tipo generoso. Un saludo.

Anónimo dijo...

Magnánimo es aquel que tiene capacidad incluso para comprender al que se sabe la teoría pero no la práctica.
¿No sería también gallego el estagirita?.
¿O era su discípulo: el amplio, magno, cabalgante "Alejandro"?.

NOTA: Cúidate no obstante de la retórica, pulcro Apolodoro.
¡el estilo suele esconder sólo vacío y peor aún, maldad!

(No en tu caso, paisano de abundante prosa y admirable poética))

Ah, y por favor amordaza al Koala.

Anónimo dijo...

Crowley, fasinante personaje que a mí no me fascina, acaso porque no lo he leído en su lengua original y no sé cómo escribe.
Por demás, sus visiones, inspiradas por daemones tardoegipcios, al buen decir de Al, son de lo más dudoso y pintoresco, como la de la Mujer Escarlata. Yo no la conozco. Sólo sé que Crowley hablaba de su célebre Mujer Escarlata. Y ya es bastante. Yo también la veo (¿será grave?). No cabe duda: fue un buen comunicador.
La viñeta parece tratarse de un dibujo de Crowley. Sería una versión suya de la carta XVIII del Tarot, la Luna. en el cielo, la Luna llena; en tierra, dos puestos de observación guardados por perros que ladran a la Luna. Y, por el agua, en vez del cangrejo convencional del signo lunar de Cáncer (del Tarot de Marsella), el autor ha dibujado un recuerdo egipciano, o algo así: personaje con cabeza de escarabajo y disco solar encima. No está mal.
saludos

Grifo

Al59 dijo...

Gracias, Paco. En cuanto al reo-en-cadalso, siento decir que encuentro las parrafadas proféticas de Crowley más comprensibles que sus ruegos y preguntas. Quizá otra vez se explique usted mejor o me encuentre más despierto. Never say never again: el mundo da muchas vueltas / y ayer se cayó una torre.

Al59 dijo...

La Mujer Escarlata se inspira (creo yo) en la Prostituta del Apocalipsis (17: 3-4): Vi allí una mujer montada en una fiera escarlata, cubierta de títulos blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer iba vestida de púrpura y escarlata y enjoyada con oro, pedrería y perlas.... En todo caso, antes y después de eso tiene un algo de arquetipo junguiano, autosuficiente. Bob Dylan la evoca también en una de sus homilías:

A woman gave birth to a prince today / and dressed him in scarlet.

Anónimo dijo...

Le aclaro sólo esto:
La referencia al "Koala" venía a cuento de que al acceder a su blog se disparó un "pop-up" (no sé si se llama así un elemento emergente) con esa canción. Ocurrió dos veces.
Respecto a las torres, hasta las más altivas caerán también algún día.
Por lo demás, no pretendía una crítica, sino un halago. Lamento que lo haya interpretado mal.
Aún nos queda, por lo menos, la libertad de desdeñar a quien no nos convenga. Ciao

Al59 dijo...

Reo: una vez que se explica, le entiendo. Siento el trastorno. No tenía noticia del Koala, seguramente porque navego con un programilla que se ocupa de ese tipo de intrusos (aunque siempre se cuela alguno). Imagino que lo meten los de blogger-blogspot para financiarse. De todas formas, si alguien sabe cómo activar o desactivar alguna opción para evitar a los navegantes el incordio, le agradeceré mucho que me lo diga. No hable de desdén, hombre. Si total son cuatro días, ¿pa qué estrujarnos el limón?